Para afilar el lápiz: «cicatriz».
Cuando era niño le tenía miedo a las cicatrices, esas marcas en la piel que, dependiendo la habilidad del médico, pasante o enfermera, podían quedar tan fina o tosca como las costuras de doña Rosa. Cuando me raspaba las rodillas o golpeaba en los codos, cabeza o ceja preguntaba con miedo si me tendrían que Leer más …