¿En qué se diferencia un cuento de una narrativa pedagógica?
La pregunta anterior me la planteó la semana pasada el maestro Nicolás Contreras, actual director de la Escuela Normal Experimental de Acaponeta, durante un conversatorio del CONISEN 2026, celebrado en Acapulco, Guerrero, del 27 al 30 de octubre. Quizás a ustedes les parezca simple, pero a mí me encantó, no solo por su pertinencia, sino porque he tenido la fortuna de escribir tanto cuentos como relatos de experiencias educativas y en más de una ocasión me he cuestionado sobre sus diferencias y similitudes.
Pero para contextualizar y guardar memoria, antes quiero recuperar algunas experiencias de esa misma semana, tan ajetreada como significativa. Para empezar, en el primer día de ese Congreso tuve la oportunidad de presentar la ponencia La escritura académica como proceso intelectual ante la inteligencia artificial, en la que compartí algunas reflexiones sobre la importancia de recuperar y hacer visibles los procesos intelectuales que intervienen en la producción de textos académicos, especialmente ante los desafíos que plantea el uso de la IA.
Durante el congreso conocí a personas con quienes me dio gusto conversar, como un colega de Veracruz que coordina una comunidad multigrado, ha colaborado en el diseño de materiales educativos oficiales y, como yo, tiene interés en conocer y desarrollar metodologías pertinentes para esa modalidad. Conversamos sobre las dificultades que persisten para que algunas de las promesas de mejora educativa se traduzcan en realidades concretas, desde la reducción de los trámites administrativos que absorben tiempo de los docentes hasta la elaboración de materiales específicos para las escuelas multigrado. Igualmente pude conversar con una docente normalista de Tecámac, en el Estado de México, que reconoce las potencialidades de la literacidad y, sobre todo, lo que puede surgir del encuentro entre la literatura y la educación. Siempre es un gusto encontrar a quienes se hacen preguntas parecidas a las nuestras, aunque vivan y trabajen a cientos de kilómetros de distancia.
El último día del CONISEN recibí, con enorme alegría, la constancia que me acredita con el segundo lugar en el Concurso de Cuento y Narrativa Pedagógica, celebrado en el marco del CONISEN 2026, en el que, según se informó, participaron alrededor de 80 textos provenientes de distintas partes del país.
Ahora sí, vuelvo a aquella pregunta.
Diferencias entre el cuento y la narrativa pedagógica
Lo que le respondí al maestro Contreras fue que, desde mi perspectiva, ambos tipos de textos tienen importantes semejanzas. En los dos podemos encontrar un protagonista, una situación inicial, acontecimientos que desencadenan conflictos, tensiones y transformaciones. En otras palabras, ambos se valen de recursos narrativos para construir una historia. De hecho, aproveché parte de una narrativa que una compañera había compartido ahí mismo para tratar de ejemplificar mi idea.
Sin embargo, identifiqué dos diferencias que me parecían relevantes. La primera tiene que ver con la naturaleza del conflicto y la perspectiva desde la cual se cuenta. En la narrativa pedagógica suele existir una relación más directa con la experiencia vivida por quien escribe. Su relato puede acercarse a la crónica, a la reconstrucción de acontecimientos y, especialmente, a la reflexión sobre lo ocurrido. En el cuento, por su parte, el conflicto se construye con mayor libertad ficcional, incluso cuando parte de experiencias reales. La segunda tiene que ver con nuestras expectativas como lectores. Cuando nos acercamos a un cuento, generalmente buscamos disfrutar de una experiencia literaria. Recuerdo que utilicé la expresión «el simple» placer de la lectura. Cuando leemos una narrativa pedagógica, además de interesarnos por la historia, solemos esperar que nos aporte alguna reflexión o aprendizaje sobre la educación. Esto fue, en esencia, lo que respondí.
Pero la pregunta no se quedó en aquella respuesta, desde entonces le he dado vueltas a lo que dije y hay algunos matices que vale la pena considerar.
Empiezo por la palabra: «simple». No sería correcto afirmar que el cuento solamente busca producir placer estético y que la narrativa pedagógica únicamente pretende transmitir aprendizajes. Es demasiado reduccionista. Un cuento puede transformar nuestra manera de comprender el mundo, cuestionar nuestras convicciones y dejarnos enseñanzas profundas, sin necesidad de proponerse explícitamente una finalidad didáctica. Y una narrativa pedagógica también puede conmovernos, sorprendernos y darnos placer literario, es decir, su valor no se agota en las conclusiones que podamos extraer de ella. Tampoco la presencia de un protagonista, un conflicto o una transformación permite distinguirlos de manera definitiva, pues esos elementos pertenecen al amplio territorio de la narración.
Quizá una diferencia más profunda se encuentre en el compromiso que establece quien escribe con aquello que cuenta (podría ser, ¿no?). En el cuento, incluso cuando se inspira en hechos reales, el autor puede transformarlos libremente para construir una realidad literaria. Lo importante no es necesariamente que lo narrado haya sucedido, sino que resulte verosímil dentro del relato. En la narrativa pedagógica, en cambio, existe un compromiso con la reconstrucción y la interpretación de una experiencia educativa. Esto no significa que se trate de reproducir objetivamente lo ocurrido. Quien narra también selecciona acontecimientos, recupera ciertos detalles, omite otros y organiza lo vivido desde una perspectiva particular. Pero su propósito no consiste simplemente en contar lo que ocurrió, sino en volver sobre la experiencia para comprender las decisiones, las tensiones, las circunstancias y los aprendizajes que surgieron de ella. Por eso creo que la narrativa pedagógica tiene una doble posibilidad: contar una experiencia y, al mismo tiempo, convertirla en objeto de reflexión…porque permite que lo que un docente vivió en circunstancias muy particulares se convierta en motivo de reflexión para otros.
Me quedo, entonces, con la conclusión provisional de que el cuento y la narrativa pedagógica comparten buena parte de sus recursos narrativos, pero se distinguen principalmente por el tipo de relación que establecen con la experiencia, sus propósitos de escritura y las expectativas de lectura que generan. Cada texto propone, digamos, un pacto de lectura distinto.
Por supuesto, sus fronteras no son absolutas. Y precisamente por eso resulta tan interesante seguir pensando en ellas..
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