Para los docentes febrero representa no solo el mes del amor y la amistad, sino el mes de las inscripciones escolares. Donde cada año es más fácil detectar una nueva preocupación: la baja matrícula.
Sin embargo, esto que desde fuera parecería un alivio para la dinámica del aula, se convierte en un riesgo para los docentes y directores: significa la posibilidad de ser reubicados “por necesidades del servicio”, hacia otras escuelas, a otros municipios, con la sensación de que sus derechos se vean vulnerados.
En nuestro país, estados como Durango y Coahuila ya se anticipan hacia la saturación docente mediante la suspensión de inscripciones en las escuelas normales. Tabasco, por su parte, ha emitido criterios formales para la reubicación de personal, generando tensiones con la parte sindical.
La pregunta es: ¿qué hacer con los maestros cuando los alumnos disminuyen?
Lejos de evadir esta realidad parcial (porque siguen existiendo escuelas con grupos de más de 30 alumnos), lo cierto es que, según las proyecciones demográficas, la disminución tarde o temprano nos alcanzará. Por ello es pertinente empezar a buscar opciones ante los retos que el cambio traerá consigo. Por ejemplo, pensando que quizá nos ofrezca la posibilidad de hacer algo que desde la creación de la SEP hace más de cien años no hemos sido capaces de lograr en su totalidad, porque menos alumnos pueden significar más oportunidades de aprendizaje, si se redistribuyen bien los recursos y se evita caer en el miedo.
Revisando lo que ya se propone en otros espacios, sin pensar que sean recetas o soluciones cerradas, hay rutas que empiezan a aparecer con la intención de abrir el diálogo entre autoridades y docentes:
Reconversión de funciones: Algo que ya se ha hecho, pero en respuesta a otras condiciones, como la promoción vertical, hoy se plantea como alternativa a la baja matrícula para que las y los docentes puedan asumir nuevos roles: desde la asesoría técnica pedagógica, la tutoría con mayor especialización, las subdirecciones académicas y administrativas o la coordinación de proyectos escolares. Esto permitiría aprovechar la experiencia y conocimiento sin depender únicamente del número de alumnos inscritos a un plantel.
Docentes que faciliten la inclusión educativa: Aunque también esta podría ser una reconversión de funciones, dada su trascendencia merece tratarse por separado. En el caso de Nayarit, para el proceso de inscripción vigente (que en todo México culmina el 13 de febrero) las autoridades locales establecieron que ante el aumento de estudiantes que enfrentan una condición de discapacidad, este sería un criterio prioritario para el acceso a una escuela, lo cual, dicho sea de paso, causó aplausos y cuestionamientos por igual.
Fortalecimiento de programas : Otra alternativa es integrar a los docentes en actividades comunitarias, culturales o compensatorias: bibliotecas escolares, clubes de lectura, talleres artísticos, brindar atención a niños hospitalizados (como hace años ocurrió para docentes agremiados a la sección 49 del SNTE) proyectos que trasciendan las aulas y escuelas para llegar a las comunidades. De esta manera y acorde a los planes actuales, la escuela se convierte en un centro vivo de cultura y no solo en un espacio de matrícula.
Reubicación regulada:
Como se dijo, algunos estados, como Tabasco y Guanajuato, han emitido criterios oficiales para trasladar docentes y directores con base en la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros. Aunque buscan armonizar la distribución del personal, generan resistencia sindical porque se perciben como medidas que vulneran la estabilidad laboral y existe la duda de opacidad en los procesos.
Diversificación laboral y formativa:
La suspensión de inscripciones en normales de Coahuila refleja la urgencia de orientar a futuros maestros hacia otros campos emergentes: educación inicial, educación para adultos, formación en habilidades digitales o en el ámbito socioemocional. Al menos en el planteamiento esto abriría la puerta a un perfil docente más versátil.
Redistribución de recursos para calidad educativa:
Siguiendo una reflexión argentina (leída en este artículo de opinión), es claro que menos alumnos por aula pueden significar más atención personalizada. Pero para que esto sea una oportunidad y no un problema, se requiere inversión per cápita más alta, capacitación docente y políticas que fortalezcan la calidad en lugar de reducir plazas.
Puede que algunas de estas ideas tengan mayor o menor viabilidad para el contexto mexicano, o que otras definitivamente no estén a nuestro alcance. El caso es que el tema empieza a tomar fuerza y aún es tiempo de atenderlo. Hace unas semanas reflexionábamos sobre la dignidad del ingreso al servicio docente, sin favores ni palancas. Hoy, la pregunta se amplía: ¿cómo garantizar esa misma dignidad cuando la matrícula disminuye y los maestros enfrentan el riesgo de ser reubicados?
Lo que está en juego no es solo dónde se asigna a un docente que ante el sistema no justifica su lugar o función, sino qué tipo de escuela queremos construir en un país que ya no es el mismo que hace treinta años.
