Cuando los cocodrilos llegaron a San Blas (texto de ficción)

Pubicado enDeja un comentarioCategoríasLiteratura

Aunque actualmente la presencia de los cocodrilos en San Blas sea frecuente, hay quien dice que no siempre fue así. Cuentan que empezaron a llegar ahí, en fechas posteriores a la venida de los primeros españoles.

Antes de aquellas fechas los cocodrilos habitaban otros sitios de la costa, retirados de las poblaciones. Evitaban a los primeros seres humanos llegados de un nuevo mundo, a quienes habían visto cambiar y transformar el entorno de acuerdo a sus necesidades, sacrificando toda clase de plantas, árboles, manglares y animales como pumas, serpientes, jabalíes y a todo ser vivo que se cruzara a su paso. Los españoles, por su parte, conocían la astucia de los cocodrilos y el poder destructor de sus hocicos, así que ambos se temían. Fue así durante algún tiempo.

Todo cambio la ocasión en que uno de aquellos hombres barbados recién llegado a estos lugares, se aventuró a caminar más allá del naciente puerto, no solo con intención de adueñarse de sus tierras, sino con un deseo auténtico de descubrir y dejarse sorprender con los secretos de la región. Aquel joven caminaba con paciencia entre los hermosos bosques tropicales, cuando con el crujir de unas ramas bajo sus pies hizo huir a un jaguar que se acercaba con sigilo a un cocodrilo hembra, para cazarle. El reptil supo que su vida fue salvada accidentalmente por el hombre y, sin que él se diera cuenta, lo siguió con curiosidad guardando distancia. Se ocultaba en los canales de agua que tienden sus redes por San Blas. Entonces ocurrió que, al llegar a un hermoso manantial, el explorador se despojó de sus ropas y se metió a nadar; después de disfrutar del refrescante baño durante unos minutos, se percató que todo el tiempo había sido observado desde una piedra por aquel imponente animal que le seguía…más que miedo, su primera reacción fue de total asombro ante la majestuosidad de aquel cuerpo verde repleto de escamas, al que fue recorriendo con la mirada desde la cola hasta la cabeza, prestando especial atención a sus ojos que lo dejaron fascinado. En ese instante, el tiempo pareció detenerse; no hubo rugidos ni ataques, solo un silencio profundo en el que el hombre y la bestia se reconocieron. A nadie contó de aquel encuentro.

Esa misma noche, el hombre soñó con una joven de piel morena a quien se encontraba en la selva…en el sueño la perseguía hasta llegar a un estanque, el mismo en que él se había bañado. Solo que ahora era ella quien se desvestía y entraba al agua, sumergiéndose de espaldas y dejando visible la parte superior de su cabeza. Luego se giraba y mostraba sus ojos, ojos de un hermoso y profundo color ámbar, pero de pupila vertical, tal como los que vio en el cocodrilo. El joven despertaba con la sensación de que aquella mujer no era una extraña, sino un alma que intentaba hablarle en un lenguaje que solo el corazón podía entender

El hombre repitió su sueño, o pesadilla, durante varias noches…noches que se volvieron semanas, meses…años. Solo entonces relató a otros lo que veía cuando dormía. Muchos lo consideraron loco. Sólo una anciana de gran sabiduría, fue quien dedujo que justo por ese mismo tiempo que el hombre soñaba, habían sido los años en que el puerto de San Blas comenzó a poblarse de, lo que supuso, serían las crías de aquel cocodrilo hembra, que impulsados por su instinto sobrenatural buscaban y siguen buscando al hombre barbado.

Les cuento que este texto forma parte de mi segundo libro, mismo que en breve tendrá una nueva edición…espero contarles en breve de qué se trata.


Deja tu comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.