Siempre he creído que para hacer algo bien hay que estudiar, trabajar, aprender y, de ser posible, vivir el proceso acompañado de personas con más experiencia. Es así como en este interés que tengo por seguirme ejercitando en torno a la escritura, decidí dedicar los últimos meses a formarme en algo también me apasiona: la literatura infantil.
Hoy cierro un curso virtual que disfruté de principio a fin. Me llevo conocimientos, técnicas, recursos, respuestas y las primeras líneas de varios textos que quiero y necesito pulir. Pero, sobre todo, me llevo la alegría de haber compartido cada sesión con escritoras y escritores de distintos países de Latinoamérica —Argentina 🇦🇷, Chile 🇨🇱, Colombia 🇨🇴, Puerto Rico 🇵🇷 — cuyas miradas enriquecieron el proceso infinitamente para mí, desde México 🇲🇽.
Agradezco especialmente al escritor Nicolás Cruz, cuya mediación, experiencia y tacto nos guiaron por ejercicios que pusieron a prueba nuestras habilidades y nos ayudaron a expandirlas. Lo mismo a cada compañera y compañero que, mucha generosidad, comentó las creaciones expuestas. También doy las gracias a la escuela, editorial y comunidad Casa Contada, que ha creado espacios donde escribir, leer, celebrar los avances del otro y, poco a poco, profesionalizar el oficio se vuelven un camino posible.
Comparto esto con la intención de aumentar mi responsabilidad con lo aprendido, porque decirlo en voz alta fortalece mi compromiso con la escritura (y con todo aquello que expongo ante otros).
Gracias a Dios por ponerme este espacio en el camino… y a mi familia, que como siempre me acompaña con amor y paciencia.





